
Con pasos cargados de esperanza, agradecimiento y promesas, cientos de miles de fieles llegaron este fin de semana a la Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles, en Cartago, para participar en la tradicional Romería 2026, una de las manifestaciones de fe más importantes de América Latina.
Desde distintos puntos del país, familias completas, jóvenes, adultos mayores y peregrinos extranjeros recorrieron kilómetros para rendir homenaje a la Virgen de los Ángeles, “La Negrita”, patrona de Costa Rica. Algunos caminaron durante varias horas, mientras que otros emprendieron su peregrinación días antes, motivados por una promesa, una petición especial o simplemente para dar gracias por las bendiciones recibidas. La Iglesia estima que cerca de dos millones de personas participaron en la peregrinación de este año.
La ciudad de Cartago volvió a convertirse en el corazón espiritual del país. Las calles estuvieron llenas de romeros, voluntarios, cuerpos de emergencia y vecinos que, como cada año, ofrecieron agua, alimentos, café y palabras de aliento a quienes avanzaban hacia la Basílica.
El operativo desarrollado por la Cruz Roja Costarricense, la Fuerza Pública, la Policía de Tránsito y otras instituciones permitió brindar atención a miles de peregrinos. Hasta la tarde del domingo se habían contabilizado más de 1.700 atenciones médicas, decenas de traslados a centros hospitalarios y, de forma alentadora, no se reportaban personas fallecidas durante el operativo.
Durante la solemne eucaristía del 2 de agosto, la Iglesia Católica hizo un llamado a fortalecer la unidad, la solidaridad y la esperanza en medio de los desafíos que enfrenta el país, recordando que la verdadera fe también se manifiesta en el compromiso con el prójimo y la construcción de una sociedad más justa y pacífica.
Más allá de las cifras, la Romería continúa siendo un símbolo de identidad nacional. Año tras año demuestra que la fe trasciende generaciones, condiciones sociales y distancias. Cada paso dado hacia la Basílica representa una historia distinta, pero todas confluyen en un mismo sentimiento de devoción hacia la Virgen de los Ángeles.
Una vez más, Costa Rica vivió una jornada en la que la espiritualidad, la solidaridad y la esperanza caminaron juntas por las carreteras del país, reafirmando una tradición que, después de siglos de historia, continúa siendo uno de los mayores símbolos de unión del pueblo costarricense.